¡¿Libertad?!

Una amiga me ha llamado, entrecortada su voz, la falta de aliento y sollozos, me auguran una llamada telefónica melancólica y llena de pesadumbre. En resumen a media hora de su monologo, interrumpido solamente por sus pausas a respirar y mis “entiendo”, “si, si, claro como no”, “prosigue” y demás interjecciones de suplicio incesante a por el cese de su avalancha de palabras de tristeza que le conllevaron a un alivio psicológico final. Lo que me ha dicho es sencillamente, en mi limitado entender de su vivir: ” personas han hablado de mi, la mayoría de lo que han dicho es mentira, pero igual me afecta”. Con el sueño que les escribo esto, el mismo pero menos intenso de mi respuesta final a su retórica, que me hizo comprobar que la felicidad está en las pequeñas cosas, le he dicho: ” dejalos que hablen, total eso es gratis, de paso somos libres de decir lo que pensemos”, ella rió con mi señalamiento de lo gratuito de hablar yo ahora a dormir tranquilo.

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