Cronopios, Famas y Esperanzas.

Bueno no he leído toda la obra del tipo, pero un cronopio es un alma, algo ilustre, para Cortázar claro, podría verse como un tipo de persona que deja huella, pero pasa desapercibida y al parecer las cosas no les salen tan bien. Las famas, para Cortázar, son emprendedores, tienen suerte las cosas les salen bien. Por último las esperanzas dentro de este universo de Cortázar, son como sedentarias, estatuas, inermes, dejan que las cosas pases sin mucho reparo, son como neutrales.

Y pues hoy, me di cuenta que todos caemos en esas categorias, pero pasamos en momentos de nuestra vida, de una a la otra.

A veces recuerdo, lo que describió, Cortázar, como si lo estuviera viviendo.

Se dice de los famas, a pesar de su suerte, son pesimistas, quería decir “muy pesimistas” pero me parece exagerado, por su parte los cronopios con su mala suerte tienen buen corazón, capaces de morir por dar una broma, siempre atentos para ayudar a otros.

Las esperanzas son neutrales como dije antes, son neutrales por que hacen poco para sí y poco menos para otros. Siento que políticamente, los cronopios son de izquierda y las famas de derecha.

Les invito a leer lo siguiente escrito por Cortázar:

 Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos.
    Como los famas son muy descuidados, los cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y saltaba.
    Con las mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así:
    ¡Crueles cronopios cruentos!. ¡Crueles!
    Los cronopios, que no deseaban ningún mal a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.
    Los famas cerraron la fábrica y dieron un banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas esperanzas.

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